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Ponzio y la tranquilidad para neutralizar todos los males

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El capitán del Millonario fue el más claro de todos en lo futbolístico, pero también en su temperamento para no perder la calma tras una semana difícil. A su juego de fricción en la mitad de la cancha le agregó fútbol y por momentos fue uno de los conductores del equipo. Solo le faltó animarse un poco más y rematar hacia el arco. 

El hecho de que sea un partido de semifinal de una copa fue un condimento, ya que el morbo fue el principal enemigo al cual River tuvo que enfrentar esta noche. Sin minimizar a Deportivo Morón, rival que estuvo presente en los cánticos rivales, cada vez que se movía la pelota por el aire y hasta parecía darle un empujón extra.  Los últimos días para el Millonario post eliminación de la Copa Libertadores y de la derrota frente a Boca en el estadio Monumental, dejaron un clima de tormenta. Esperanzadoras fueron las palabras del técnico el viernes pasado en la conferencia de prensa, sin embargo esto no alcanzaba para calmar las aguas. Faltaba algo que viniese desde el campo de juego. Una seguridad para los ojos de propios y ajenos. Esa tranquilidad que neutralizó todos los nervios, llegó y estuvo en manos del capitán. Fue la muralla que ahuyentó los males y le permitió al fútbol hacerse presente a lo largo de los 90 minutos.

El primero en salir a presionar a los rivales, el primero en cortar cada intento peligroso que el rival tuviese planeado, supo relevar a sus compañeros para evitar desequilibrios y el primero en quejarse ante cualquier injusticia que perjudique a River. Pero también dio una mano en la creación del juego, transportó la pelota desde un lado hacia el otro, siempre fue preciso cada vez que la tuvo y en algunas oportunidades se animó a ser quien inicie la jugada. En algunas ocasiones se contuvo de rematar hacia el arco y tal vez privó a los hinchas de festejar nuevamente un gol suyo. Si hoy el Millonario necesitaba de sus jugadores de experiencia para demostrar que nada está perdido, esto se vio dentro del campo de juego y el comandante de esa chispa de ilusión fue Leonardo Ponzio con sus ganas de entregar siempre algo más a pesar de sus largos casi 36 años.

Por Nicolás Nuñez (@nicobandguy)

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